Obra social

Voluntariado

Raquel López y Dani Pavón

Alguien dijo una vez "el tiempo pasa volando...", ¡cuanta razón tenía! Ya hace ocho meses que dejamos atrás las tierras arequipeñas (Perú), dónde estuvimos colaborando con el Instituto. Una experiencia de la que guardamos muy buen recuerdo.

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Desde el mes de octubre se atienden  partos en el área de maternidad recién inagurada del centro de salud San José de Nkolondom.

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Crónica de un viaje como voluntario (2ª parte)

¡Hola a todos! Ya estoy bien asentado aquí en Nyarusange, que es donde pasaré todo el próximo mes. Esta semana ya he estado con la Hna. Thacienne en el centro de nutrición y visitando un poco toda la misión.
  • Nyarusange, centro de salud Artículo

Básicamente estamos en una colina en la que hay un centro de salud, las casas donde vivimos nosotros, una escuela de costura, la parroquia, el centro de nutrición, la granja, una escuela primaria y una secundaria.

En este centro de salud no hay médicos, solo enfermeras. Estas pueden realizar consultas y dar medicamentos.  Se puede ingresar a la gente un máximo de tres días (más de eso, tienen que ir al hospital). Ellas son las que se encargan de los partos y si una madre necesita cesárea se la lleva al hospital con la ambulancia. Cuando pasé yo, había cuatro enfermos hospitalizados, los cuatro con malaria; es lo que más abunda aquí, el tratamiento es muy efectivo y en 3 días de pastillas se van a casa curados (la mayoría pasan la malaria varias veces durante su vida).

La otra gran enfermedad es el SIDA, en este centro siguen unos 400 casos. Disponen de unos pequeños tests rápidos que permiten detectar la enfermedad en apenas unos minutos. Los enfermos tienen que tomar una gran cantidad de medicamentos y es para toda la vida. Afortunadamente si se sigue correctamente el tratamiento la enfermedad se controla a la perfección y no muestra ningún signo. Todo lo que concierne al SIDA es gratis, son donaciones de “los americanos”. El gran problema es la gran cantidad de niños que nacen seropositivos.

Todos aseguran que la sanidad ha mejorado muchísimo en Ruanda en los últimos años, sobre todo por la aparición de los seguros privados, esta gente asegurada puede ir al médico sin pensar demasiado en el dinero (cuesta 3,20 euros/año pero al haber familias tan numerosas y pobres las hay que ni siquiera esto pueden pagar). Cosas como dar a luz en casa están ahora prohibidas y hay que hacerlo obligatoriamente en el centro de salud o en el hospital. Los niños cuando son bebés tienen un programa de vacunación para la polio, tétanos, etc.

¿Y qué hago yo? Básicamente estoy ayudando en el centro de nutrición. Aquí se siguen todos los niños que nacen en los alrededores. Se sigue su crecimiento midiendo cómo evolucionan el peso, la altura y el perímetro del brazo. En función de estos se clasifican como normales, riesgo de malnutrición y malnutridos. Si durante los primeros meses se ve que se desarrollan correctamente pueden abandonar el programa.

Se les ayuda de varias maneras. Para empezar se les enseñan nociones básicas de agricultura en el huerto del centro, como plantar, cuidados de las plantas, malas hierbas, también se les vende (a muy bajo precio) los brotes un poco crecidos en lugar de dar las semillas. También se les enseñan nociones de nutrición, composición de los alimentos y dieta equilibrada (muchos niños no están desnutridos por el hecho de pasar hambre sino por alimentarse exclusivamente a base de alubias y patatas).  Hay una pequeña cocina y se les enseña cómo preparar los alimentos. Por último, se les proporciona leche. Se intenta siempre pedir algo a cambio y no dar todo gratuitamente. Tienen que trabajar un poco en el huerto que tenemos aquí, algunos traen hierbas para los animales, leña, algunas alubias…

A mí me ha tocado pesar y medir niños varios días (y hay muchos). Dos tardes hemos ido al colegio de secundaria donde los estudiantes de nutrición que están con nosotros les hablan de la nutrición y les toman medidas para un estudio. El viernes fuimos a hacer visitas a domicilio. En estas visitas vimos el entorno en el que se desarrolla el niño, como tienen el huerto los padres, que comida tienen en casa, como la preparan.

Hay dos vacas y un ternero, algunos cerdos, conejos y cuatro cabras. La verdad que todavía no he tenido tiempo de estar mucho con los animales (además los que se encargan de ellos hablan exclusivamente el Kinyarwanda). Al menos, he podido salvar la vida de “Caraca”, el gato de la comunidad al que le dieron pescado para comer e investigar la muerte repentina de tres conejitos.

La vida aquí en la colina funciona a otro ritmo. No sirve de mucho planificar demasiado las cosas y se va “improvisando” durante el día. Lo mismo llegan 20 familias al centro que 30, lo mismo a las 8 de la mañana que a las 11. La electricidad va y viene así que tampoco se puede depender mucho de los ordenadores y si toca esperar, pues se espera. Cualquier pequeño conocimiento aquí es apreciado. He podido hacer un par de trabajitos de Excel para una de las hermanas, pasar algunos informes al ordenador, etc. Con otra ya he empezado las clases de inglés. Estamos preparando algún vídeo de presentación del centro nutricional y también unos cuantos carteles informativos para colgar.

He tenido la suerte de coincidir en el centro de nutrición con cuatro estudiantes de la universidad de Kigali que están estudiando nutrición en el segundo año. Son gente que rondan los 25 años. La verdad que son muy abiertos y les encanta tener la posibilidad de practicar el inglés y de hablar con alguien que viene de tan lejos (somos como exóticos), y a mí me encanta poder entender como es la vida universitaria aquí.

Como dije, Ruanda es un país de muchos contrastes. En las colinas, en las pequeñas casas que encuentras perdidas, puedes encontrar gente que no tiene ningún estudio (aunque ahora sí que los niños van todos al menos a la escuela primaria y muchísimos también a la secundaria), muchos no saben leer o escribir, no tienen libros, no leen el periódico, no tienen tele o Internet, como mucho alguno que tenga un poco de electricidad puede enchufar una radio; es decir, así como nosotros podemos encontrar cualquier información con tan solo un clic, el mundo de la gente más pobre de Ruanda se reduce a lo que tienen alrededor, y  no conocen otra cosa, viven día a día.

Sin embargo, conociendo a estos estudiantes así como a otros profesionales que he encontrado en el centro de salud (enfermeras, fisios, trabajadores sociales) te das cuenta de que también hay un montón de gente muy inteligente, muy formada y que trabaja muy bien. Es gente culta que conoce perfectamente la situación de su país y que, aunque ve que las cosas van mejorando, también ve que todo avanza muy lentamente…
 
Estos chicos universitarios de la escuela de nutrición son afortunados por poder hacer estudios superiores pero no son para nada ricos. Uno de ellos no tiene padres y está en un programa para huérfanos. El estado le paga la inscripción a la universidad y le da 25.000 FRW (26,30 euros) por mes. Con esos 26 euros es con lo que tiene que pagar el alojamiento, la comida, y todo el resto de cosas que pueda necesitar. Los otros no son huérfanos (que yo sepa) pero vienen de familias bastante pobres así que tienen que vivir de la misma manera. Al hablar con ellos te das cuenta de que son exactamente como tú, salvo que todas las condiciones a su alrededor son peores. Viven aquí al lado. Estos universitarios sí que tienen un pequeño ordenador e Internet (aunque no siempre porque tienes que ir recargándolo) pero aquí funciona fatal así que algo tan normal como descargarse una peli, ver una serie o cualquier cosa online está fuera de su alcance. Por eso me preguntaron si tenía películas ya que la única forma de conseguirlas es pasarlas de un ordenador a otro. Se copiaron TODO, ¡incluso todas las películas que tenía en español!

¡Besos y abrazos!
Daniel